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Carta de amor a Camila Moreno

Mauricio Tapia Rojo, marzo 2019.


Después de la aparición de “Pánico” de Manuel García y del disco debut de Gepe, “Gepinto”, comenzaron a proliferar una serie de cantautores nuevos, tremendamente influenciados por los cantautores viejos. De García se decía que era una especie de Silvio chileno (cosa que nunca fue, ya que llegó a su peak, a mi gusto, con “Témpera” y comenzó su descenso con el polémico “Acuario”), mientras que de Gepe se decía que era el sucesor de Victor Jara, afirmación que el autor de “bacán tu casa” declaró como incomoda desde un principio.

Es que en esos tiempos, cuando las bandas de rock más populares empezaban a decaer, la guitarra de palo hizo su regreso triunfal con mensajes mucho más valientes y más directos que los últimos temas de bandas como los Chancho, Los Bunkers y Lucybell. Se hablaba, de forma apresurada, de una nueva trova chilena. Muy oportuna considerando que nos encontrábamos en vísperas del primer gobierno de Sebastián Piñera.

Los hubo muy buenos y también muy malos. El festival Rock Carnaza estaba en su clímax, a tal punto que varios estuvimos empapándonos bajo una lluvia porteña con tal de escuchar “Cangrejo Azul” o “Casualidad” del Nano Stern. Como todo en este sistema de mierda, la “nueva trova” se empezó a producir en masa al punto de volverse insufrible. Y así fue como muchas famas pasajeras se esfumaron con los dragones de las canciones de Chinoy, y las máscaras de algunos machitos trovadores empezaron a caer.

Gepe se perdió un poco. Nano Stern no innovó mucho. Chinoy se convirtió en una sombra que camina por Valparaíso. Demián Rodriguez volvió a “El Trova” y varios se fueron para otros lados. Manuel García sigue vigente, pero perdió la confianza de muchos luego de hacer campaña por la Concertación. El que se mantiene incólume es el Tata Barahona ¡es que el Tata es de verdad!

Fueron las mujeres de esta generación las que siguieron creciendo, armándose, buscándose, rebuscándose y encontrándose, dejándonos en todo ese camino delicias de sonidos. Evelyn Cornejo tomó una fuerza tremenda. El sonido de Pascuala Ilabaca se sincretiza, se solidifica y luego explota en los pedazos sus canciones. Pero la música que más creció y evolucionó de forma natural fue la de Camila Moreno.

La primera vez que escuché a Camila Moreno fue en los pastos de la Upla en la sede de San Felipe. Una amiga, con la cual empezamos a llevarnos bien desde que la huevié porque al sonarse la nariz hacía un sonido parecido al de una regadera de plaza, me pasó uno de sus audífonos. Sonaba un tema que creo que era “cae y calla”. Y así en modo un audífono tú un audífono yo comenzó mi obsesión. Eran tiempos hostiles. Era el reino del mp3. Las cartucheras con CDS quedaron en el pasado y ahora todos andaban con su pendrive azul Recco a pilas. Compartíamos música. Juntos descubríamos música en esas tardes de calor sofocante y de fríos violentos. Así me comentaba que la chica que cantaba tenía un grupo pop llamado Caramelitus, cuyo disco nos costó un mundo conseguir, también escuchamos algunas entrevistas en donde decía que le encantaba la Björk ¿Cómo era posible si Camila Moreno está más cercana al folk?

Camila Moreno

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Recuerdo 3 anécdotas con “Millones”: 

1) El último carnaval cultural de Valparaíso, sabíamos que Piñera llegaba en meses y todos la cantamos con rabia. 

2) Un eterno universitario de mi carrera, en uno de esos paseos al botánico cuyo único objetivo era chupar, cantándola o gritándola y estirandola hasta el cansancio.  

Hicimos como si no estuviera y nos gritó “Ojalá un día entiendan lo que dice esta canción” 

3) Camila Moreno en el Festival del Huaso dedicándole “Millones” a Piñera en propio canal de televisión. Háganse esa poh “mierdas buena onda”.

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“Al mismo tiempo” nos mostró una guitarra cruda, una voz potente y letras llenas de poesía muy personal, pero también muy consciente de la realidad país. 

“Opmeitomsimla” nos da los primeros brotes de lo que sería su música actual. Aquí Camila juega y experimenta con versiones de sus propias canciones. Aún muy torpe, aún muy tosco pero tremendamente sincero. 

“Panal” comienza con un incendio. Las letras gozan de un lenguaje figurado muy rico, también estas se vuelven más oscuras. Incendié mi voz, florecí en el barro. Las cuerdas comparten el protagonismo con una percusión más seca y potente, un bajo omnipresente y un hilo de dulce voz. Mi favorita del disco, en el que también metió la mano el guitarrista de Mr Bungle, es “Yo enterré mis muertos en tierra”. 

“Mala Madre” es la batalla final antes de la ascensión de héroe. Camila Moreno deja atrás la guitarra acústica de los primeros discos, como también la simpleza e inocencia de su primera etapa con el fin de entregarse por completo a cada una de las canciones que componen este disco. Camila Moreno nos da pistas. La portada del primer y del último disco son casi idénticas. El primero es muy colorido, como una arpillera de Violeta Parra, en cambio el último está en tonos blanco y negro. Camila posa en una postura similar su cuerpo mojado y desnudo solo cubierto por una delgada tela, por una placenta, tratando de decirnos que acaba de renacer. Canciones como “Libres y estúpidos”, “Maquinas sin Dios”, “Piedad” y “Bathory” lo confirman. 

Estoy en el Metro. Escucho “Pangea”, su último disco, un disco en vivo. Puedo decir que Camila Moreno ahora puede hacer lo que quiera. Cuando un músico logra hacer que sus propios temas crezcan con él es que ya pasó a una etapa superior como artista. Cuando un músico logra que su sonido en vivo supere al estudio, ya hablamos de palabras mayores. 

Tuve la oportunidad de verla el año pasado en Viña, en un local muy penca, previo al Show del Caupolicán y se notó como disfrutaba. Cantó todo. Bailó con el público. Convirtió ese lugar en un pequeño laboratorio donde quedamos hipnotizados con el sonido de los bajos, los teclados, las guitarras, la batería y sobre todo su voz. Pangea recoge toda esa energía, y no sede el protagonismo ante las colaboraciones, las que terminan siendo solo voces que complementan perfectamente la obra final. Son doce temas que habíamos escuchado antes, pero que parecen doce temas perfectamente nuevos. Los gritos y aplausos del público le dan nuevas dimensiones. 


“Pangea vol.2” nos regaló un montón de joyitas, como “4 heridas” por ejemplo. El registro del Caupolicán ya marcó un hito en sus seguidores. Durante el estallido social chileno se mantuvo crítica y activa. Interpelando a la, en ese entonces, Ministra de la mujer y equidad de género Isabel Plá. Tocando la guitarra en las calles de Santiago. 

Creando el potente himno feminista “Quememos el reino”. A principios de este año estrenó el single “Es real”, nuevamente demostrando que puede hacer lo que quiera, incorporando sonidos “urbanos” a su repertorio. El resultado es maravilloso. Infinitos jumbitos.

Mauricio Tapia Rojo

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