por Mauricio Tapia Rojo

Compositora, recopiladora folclórica, cantante, poeta y artista plástica. Violeta Parra fue uno de los personajes protagónicos del año recién pasado. Se transformó en un ser casi omnipresente a medida que pasaban los meses y se acercaba la fecha del centenario de su nacimiento.

Todos los colegios de Chile prepararon su homenaje. Cada municipalidad entregaba a la comunidad alguna actividad relacionada con la Violeta. Conciertos, talleres, obras de teatro y un infinito número de etcéteras que a muchos agradó pero a otros terminó por saturar. ¿Violeta Parra querría todo esto? ¿Violeta Parra querría la solemnidad con la cual trataron su obra? ¿Violeta Parra querría que su imagen se transformara en merchandising avalado por parte de su propia familia? ¿Violeta Parra querría acaso que muchos artistas prácticamente bailaran cueca sobre su obra con el fin de homenajear su obra?

En los homenajes que pude presenciar durante el año pasado poco vi a la Violeta. La violeta política, la violeta telúrica, la violeta punky, la violeta feliz.

Nos presentaron una versión estilizada, suavizada, universal y muy poco auténtica. Nos presentaron a una Violeta siempre admirada y querida. Nos presentaron a una Violeta enamorada de los hombres. Nos presentaron a una Violeta de sonrisa ancha. Nos presentaron a una violeta demasiada complaciente con su realidad.

Cada homenaje me dejaba un sabor extraño. Una sensación de “bacán pero…” y el pero se repetía, y cuando hablaba con gente que participó de algunos eventos el PERO se hacía más grande. Cuando veía reportajes de Claudio Fariña en la tele el PERO se hacía más grande. Cuando veía la cara de chatos de los chicos del colegio cuando nombraba a la Violeta el PERO se hacía enorme. ¡Maldigo el vocablo homenaje con toda su porquería!

Todo eso pasó. Gracias a los astros existe La Patogallina.

Paloma Ausente toma todo lo que los demás homenajes, ni siquiera los promovidos y patrocinados por la familia Parra, no pudieron recoger. El montaje de La Patogallina no es tímido, es dinámico y ruidoso. Desordenado y valiente. Vimos todas las dimensiones de la Violeta en una estructura no lineal, no lógica en donde el pasado, el presente y el futuro se funden a favor de la propuesta escénica. La obra está llena de detallitos que dejaron contento a aquellos fans Hardcore que se sentían desilucionados de como tomaron la figura de una de las personalidad más importantes de nuestra cultura.

El vestuario, la música, las marionetas, el montaje es impactante. Es como si fuera un espectáculo de fuegos artificiales pero con un relato profundo de fondo. Un relato que apenas necesita el dialogo. Esta obra habla de la misma formá que habló Violeta Parra, A través de la música. Porque en Paloma Ausente se nos presenta una violeta unida con la naturaleza en donde el aire, el fuego, la tierra y el agua están literalmente presentes en el montaje.

La patogallina, en este cumpleaños, fue como el tío buena onda que te entrega el mejor regalo. Ese que esperabas después de recibir 80 pares de calcetines.